Aprender en libertad, por Anna Dragow

 

Nadie le dice a un árbol cómo crecer y, sin embargo, él por sí mismo desde la semilla enraíza, busca nutrientes, crece, florece y da frutos. Cuando un niño crece así de libre, cuando respetamos su proceso cuidando de su vida, la convivencia con él se convierte en una experiencia placentera y en una oportunidad para observar cómo actúa la naturaleza en nosotros. 

 

 

 

 

 

 

“Los niños no son de ninguna manera menos inteligentes que las plantas. Como ellas, traen consigo su propio plan de desarrollo que se cumple a su debido tiempo a través de la interacción con un ambiente adecuado”, nos recordaba la recientemente desaparecida pedagoga Rebeca Wild, pero ese enfoque centrado en la biología parece no tener cabida en el sistema educativo vigente. ¿Desconfiamos? ¿O ignoramos?

 

 

Aprender en libertad

 

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