Testimonio: "Mamá, no quiero ir al cole", por Gema

Gema,

Desde  que mi hija tenía 15 meses empecé a informarme sobre opciones de educación  infantil, escuelas libres, alternativas, públicas, privadas, espacios de crianza, etc… Hasta los 3 años estuvimos alternando juegos en el parque, ludotecas, playa y mucho amor !  Tras cumplir los 3 años,  puesto que formalmente el estado te “invita” de manera voluntaria a acceder a una plaza en la escuela pública,  sin mucha convicción y en un intento de respetar las ideas de mi pareja, hice la prescripción en una escuela que, aunque convencional , me pareció bastante respetuosa: trabajan por proyectos, tienen patio con juguetes y tierra, bosque alrededor, huerto, juguetes en las clases, juego simbólico, en las puertas abiertas explican que pretenden que los niños sean felices…
En junio matriculé a Lucía, tuvimos una reunión con la tutora de la cuál salí bastante decepcionada, pero intenté conservar algo de optimismo hasta el inicio de curso.
El 12 de septiembre se iniciaban las clases, mi hija estaba ansiosa por entrar y conocer el nuevo espacio, se puso la primera junto a la puerta, abrieron y no pudimos pasar hasta que sonó un estruendoso y agudo timbre (el estándar de los colegios). Por suerte, a los padres se les permite entrar en clase y estar con sus hijos unos 20 minutos pasados los cuales deben marchar, sin mirar atrás para que su hijo si llora no se quiera ir…
Lucía no se quiso separar de mi, no se sentía segura, hablaba a los niños y la mayoría de ellos no tenían intención de responderle, ya que o estaban llorando o estaban cansados de haber llorado o conteniéndose para no hacerlo. Pasada una hora y media me invitaron a irme, porque “no era conveniente” mi presencia en la clase. Marché, y mi hija conmigo por supuesto.
El segundo y tercer día Lucía después de llevar un ratito jugando conmigo, parecía sentirse a gusto en ese entorno y accedió de manera tranquila a que me marchase y la pasase a buscar al mediodía.
En ambas ocasiones, al recogerla se descompuso en un mar de lágrimas, nerviosa y con mucha pena, la consolé como pude y volvimos a intentar acudir otro nuevo día. Al día siguiente fue imposible, Lucía estaba más insegura, y por añadidura intentaron arrancarla de mis brazos y que yo me marchase corriendo. La mayoría de las madres lo hacen así y yo respeto sus actuaciones, pero en mi caso particular, nadie me separa de mi hija si ella no lo desea.
Hicimos varios intentos fallidos, cada vez con menos ganas, hasta que finalmente llevamos 15 días sin acudir. Simplemente decidí no volver cuando por la noche mi hija me dijo llorando:    
   “ Mama, no quiero ir al cole”.
Seguramente para muchos padres hacer caso a esta petición es otorgar mucho poder de decisión a un niño pequeño, para mi es respetar a mi hija y tomarme en serio sus opiniones y emociones. Desde entonces hacemos lo que el corazón nos dice, a veces pasamos la mañana en el parque, y otros días hacemos “la escuela en casa”  tal y como nos apetece, hacemos Taichí después del desayuno, después elegimos entre plastilina o dibujo, tocamos el xilófono o la flauta … y Lucía es feliz!
No sé el tiempo que podremos caminar por esta nueva senda, ojala sea por mucho tiempo. Ahora me resta, ayudar a “Papi” a entender y asimilar el porqué de esta nueva situación y fortalecerme yo contra el rechazo social que es muy muy muy fuerte, todos los homeschoolers saben a que me refiero.
Quiero destacar varias cosas que me han sorprendido en esta intensa etapa que estoy viviendo:
-          Como nuestro mundo adulto ignora a los niños. Personalmente he visto a niños llorar durante una hora y media sin parar, una niña en concreto pedía encarecidamente ver a su papa y nadie hizo NADA para dar respuesta a su petición. Muchísimos niños lloran con mucho dolor al vivir una separación temprana de sus padres, no se respetan tiempos de adaptación, en muchos colegios es algo inexistente. Si un niño llora en clase lo más que hace la tutora es llamarlo para que se acerque y decirle algo para distraer el motivo del llanto.
-          Damos argumentos falsos a los niños. Respeto mucho la profesión de docente, y creo que van muy saturados, pero frases como esta : “La mama se ha ido porque llorabas”, pienso que jamás deberían ser escuchadas en una aula, el niño en cuestión siguió llorando todavía con más fuerza !
-          No se respetan los límites pactados.En concreto he visto como nos dicen a los padres que los niños pueden jugar con agua y tierra y si se manchan les cambian de ropa sin más, y a mi hija la regañaron justamente por intentar llenar un cubo de agua… Dejan juguetes al alcance de los niños que luego les arrebatan de las manos sin darles ningunas explicación y vuelven a dejar el material en un mueble bajo…
-          La escuela convencional está muy cerrada al cambio. Las nuevas pedagogías son tratadas como filosofías excéntricas, son poco flexibles a respetar de verdad la individualidad, tratan a todos los niños de forma uniforme, y este es uno de los objetivos que intentan alcanzar desde el primer día. Se asombran de la conducta divergente, y la rechazan sin plantearse siquiera otra alternativa.
Por todos estos motivos elijo educar en casa como la mejor manera que yo tengo a mi alcance para educar a mi hija. Si cada día somos más, acabaran por escuchar nuestras voces!!

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