¿Anti-escuela?

Ser homeschooler no significa necesariamente estar en contra de la escuela. En octubre del año 2010, el carnaval de blogs de homeschooling en español recogió las reflexixones entorno a este tema de trece madres homeschoolers y blogueras.
La pregunta era si somos anti escuela. Por qué sí o por qué no. Qué es lo que no nos gusta de la escuela, qué es lo que nos gustaría cambiar y cómo habría de ser una escuela para que nos plantearamos llevar a nuestros hijos.

Ketty, desde Mariposas Multicolores, nos dice que ella no es anti-escuela y que, de hecho, es profesora vocacional. Ahora bien, tiene muy muy claro cómo sería su escuela ideal: 
Mi marido y yo no somos totalmente anti-escuela. Estamos mas por una escuela mas sencilla, menos rígida en cuanto a horarios, no con tantas horas, con nuestras convicciones morales. Vamos muchos pensarán que de qué mundo he salido, que la escuela es lo que hay ya ya está. Y es cierto, pero también me considero libre como para decidir si quiero hacer uso de ella o no. 
Alana, de Ona de colors, está convencida de que el cole no es para todos:
No tengo absolutamente nada en contra del cole para esos niños que van encantados, lo disfrutan, aprenden... pero no todos somos iguales, por tanto no todos respondemos igual a un único sistema. Ahí es donde veo el mayor problema, la incapacidad de adaptarse al alumno, a su ritmo, a su forma de aprendizaje. Y también a las etiquetas que colocan a los niños.  
Sylvia, en Con la cabeza en las nubes, plantea una iniciativa muy interesante de la que, a mi modo de ver, deberían tomar ejemplo las escuelas de todos los pueblos donde hay niños homeschoolers:


No tenemos nada en contra de los centros escolares de nuestro pueblo,ni de los centros en general. De hecho somos socios de la asociación de padres y nuestros hijos van a actividades en la escuela. Y participamos en las fiestas abiertas al pueblo etc
Sí que podemos pensar que hay muchas cosas que cambiar en el sistema escolar. Desde mi punto de vista hace falta más respeto de los ritmos de los niños, más conocimiento por parte de los profesionales de las etapas emocionales por las que pasa el niño, menos presión a los maestros que sí se quieren tomar en serio esos ritmos.

Rebeca, en Los hijos de Lilith, se declara abiertamente anti-escuela. Y lo cuenta con mucho arte:

Una vez puse un  pulpo en un garaje para ver qué sucedía. El bicho se mimetizó  con el hormigón del pavimento. Efectivamente, se perdía, como reza el dicho popular, pero no por estar fuera de su entorno, sino porque dejaba de ser visible, se fusionaba con el nuevo medio y sus contornos terminaban difuminados y confusos. Probé con otros pulpos, pero ocurrió lo mismo. Cuando gran parte del garaje estuvo invadido por los tentáculos, pensé qué ocurriría si ponía un ejemplar cocido, ya que la frase “Más perdido que un pulpo en un garaje”, no especificaba en qué estado tenía que encontrarse el animal. 

Andrea, de Educando en la casa, ha decidido participar con varias entradas porque el tema da mucho de si. Ésta es la primera:
 

Soy profesora. Profesora de colegio aunque ya no haga clases en ese contexto. Lo soy por profesión y vocación. Me describo a mi misma como animal de aula.
Mi amiga Tati, compañera de oficina y conocedora de mis desvarios educativos, me escuchó ayer dar la charla a los estudiantes de psicología. Me miró y me dijo en coloquial chileno:
Precht, tenis que puro volver a hacer clases
Creo que esa es una respuesta testimonial. Creo aún en la posibilidad de la escuela. Lo creo desde el útero, desde el corazón y la razón.
Pero no está escuela, no LA escuela, única posibilidad de lo educativo. No la escuela del programa moderno. Como a toda invención humana, y aunque no nos parezca posible, la escuela tiene los días contados.

Zinnia, de Biosfera de familia, tampoco es anti-escuela según su definición de "escuela", aunque hay muchas cosas que no le gustan...

Con Fabián estamos de acuerdo en que la escuela es un espacio de aprendizaje e intercambio de saberes. Desde esa perspectiva, el proceso de educación casera es hacer escuela, y trasciende a muchos espacios, momentos y actores. Por lo tanto no somos anti-escuela. No estamos de acuerdo con la metodología por imposición que es la que generalmente se aplica en las instituciones llamadas "escuela".

María, desde Por el roble, el fresno y el espino, cuenta que ella misma no tuvo una buena experiencia en el colegio:

Según avanzamos en esto de la educación en casa, más difícil me resultaría llevarlo al colegio. Quizás sólo lo haría si la situación familiar lo exigiese o si J lo pidiese. Pero que lo pidiese por un motivo que no fuera el recreo, que parece ser lo único que le interesa por ahora del colegio.

Mi experiencia en el colegio es la que en gran medida me ha llevado a la educación en casa. A mí me parece que el colegio debe enseñar materias académicas principalmente.

Ipe, en Mis hijos mi oro, retrocede hasta su propia infancia para hablarnos de la escuela... de la que no está en contra. Es más, considera que la pregunta misma debería tener ningún sentido. (Pero hemos de reconocer, querida Ipe, que todavía lo tiene, lamentablemente).

Desde mi punto de vista la pregunta no tiene ningún sentido,o no debería tenerlo, por ejemplo yo no uso teléfono celular (móvil) y nadie me ha preguntado si estoy en contra de la invención de dichos aparatos y de su uso.
(...)
Pero sí, muchas personas piensan que al sacar a tus hijos de la escuela (o elegir no llevarlos directamente) te convierte en anti-escuela, y lo viven como un insulto. De hecho, alguna vez nos ha pasado que hemos visto peligrar nuestro trabajo por las susceptibilidades de algún funcionario de Educación. Y sin embargo yo tengo de la escuela los peores y los mejores recuerdos posibles, y estoy muy agradecida de haber ido allí, incluso en la primera experiencia, de la que salí viva de milagro. Todo aquel dolor ha cobrado sentido al permitirme escuchar mejor a los demás, haciendo el esfuerzo de comprender sus emociones.
Marta, en De cangrejos y ermitaños, hace una reflexión según ella "rápida y no muy profunda" (podríamos discrepar) y diferencia su discurso en tanto que representante de Y aunque no puedo decir que desde el punto de vista de representante de la Asociación para la Libre Educación, me guste promover un discurso anti-escuela, y de hecho no lo hago, puedo afirmar que personalmente si lo soy. Lo soy desde que me doy cuenta que la escuela no es una necesidad de los niños, sino de los padres y de la sociedad en general. Lo soy desde que vivo día a día la experiencia “casi religiosa” de convivencia con mis hijos y verles como llegan a absolutamente cualquier cuestión que en la escuela se les programa, ellos solos, y con una emoción e intensidad, porque han sido respetados y se les ha acompañado en ese proceso, sin forzarles, absolutamente pasmosa.

Esther, de Alzar el vuelo, no es anti-escuela, pero...
La escuela en sí no tiene por qué ser mala, pero la escuela tal y como yo la conozco, tiene más contras que pros. Repito, no soy contraria a la escuela si hablo en términos generales, pero si me ciño a lo personal.... ahí cambian las cosas. Cuando ves a un hijo literalmente "apagarse"por culpa del colegio.... ya ves las cosas de otro color. Reconozco que nunca llevé a mi hijo al cole con mucho convencimiento, por eso lo tuve claro cuando me di cuenta de que realmente era un problema. Puedo decir con conocimiento de causa que la escuela mata la creatividad, agota física y mentalmente, merma el interés nato de los niños, les hace enfrentarse con actitudes de racismo, marginación y cómo no, con la ley del más fuerte...  



Mar, desde ORCA: Observar, recordar, crecer, aprender, se declara abiertamente pro-escuela:


Soy Pro-escuela.
Porque si no hubiera escuela, no se podría garantizar el derecho constitucional de los padres a elegir la mejor educación para sus hijos.

Soy Pro-escuela.
Porque hay muchos niños que se lo pasan muy bien en el colegio y pasan allí el mejor tiempo de su vida.

Soy Pro-escuela.
Porque sino, habría muchos analfabetos en el mundo y muchos niños no tendrían acceso a ningún tipo de educación.

Soy Pro-escuela.
Porque muchos profesionales hacen lo imposible para dar una educación a niños marginados y con riesgo de exclusión social.

Tenemos también una colaboración en catalán, de Sabrina en Joguines al menjador. Nos cuenta que ella misma tuvo una experiencia muy positiva en la escuela aunque ahora no lleve a sus hijas:
No se si dir-vos com hauria de ser l’escola per tal que portés les meves filles... em tractareu de boja. De fet, no portaria a les nenes, hi aniríem tots. Seria un poblat,un poblat en el que estiguessin representats quantes més professions i oficis millor (incloent-hi els treballs domèstics); on els adults estiguessin treballant al seu ritme (tranquil) i els nens (de totes les edats) campessin per on volguessin. Un poblat sense joguines ni parcs infantils, amb entorns naturals on poguessin jugar lliurement i sense perills, això si. On a cada lloc de treball, els nens disposessin d’eines a la seva mida i d’un adult amable, carinyós i pacient que respongués les seves preguntes i els ajudes a treballar amb ell si fos el seu desig, sense fer classes magistrals. Evidentment, els pares haurien d’estar en aquest poblat, treballant també, per descomptat i a l’abast dels seus fills en qualsevol moment...

Y Lau, de Enseñar a pescar (o sea, yo, aquí) también se declara anti-escuela:


Podría contar historias de auténtico terror que suceden todos los días en las escuelas. Pero lo peor es saber que a muchas madres se les rompe el corazón cada vez que han de dejar a su hijo llorando en el cole. El niño vuelve contento del cole, así que la madre se autoengaña y se dice a si misma que la profesora tiene razón: que el niño llora para hacerla sentir mal pero que, en cuanto la madre se da la vuelta, se le cambia la cara y  pasa la mañana tan feliz y tan integrado en la clase. Así que la madre piensa -o quiere pensar- que el niño va contento al cole. Pero no hay que confundir el ir con el volver...

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